Mostrando entradas con la etiqueta crisis alimentaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crisis alimentaria. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de febrero de 2009

COMUNICADO DE PRENSA DE LA FAO SOBRE LA SITUACIÓN ALIMENTARIA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

COMUNICADO DE PRENSA
OFICINA DE INFORMACION DE LA FAO PARA ESPAÑA Y ANDORRA
Madrid

18-02-2009
____________________________________________________________________________


La inversión en agricultura es clave para enfrentar la actual coyuntura en América Latina y el Caribe

El alza de los precios de los alimentos y la crisis económica imponen grandes desafíos para la Región



Santiago de Chile/Madrid, 18 de febrero de 2009.– La posible caída en los ingresos de las familias pobres a raíz de la crisis económica, combinada con precios de alimentos que siguen altos en América Latina y el Caribe, presentan una amenaza a la seguridad alimentaria en la Región.

“La crisis económica ensombrece el panorama porque reduce los ingresos e incrementa el desempleo; deteriora el poder de compra –de por sí disminuido con el alza de los precios de los alimentos– y advierte la posible pérdida de una fuente de ingreso primordial de los hogares, el empleo”, señala el boletín
“Situación Alimentaria en América Latina y el Caribe”, difundido hoy por el Observatorio del Hambre de la Oficina Regional de la FAO.

Según el boletín, que analiza los meses de noviembre y diciembre de 2008, la inversión en la agricultura juega un rol clave frente a este escenario, ya que puede aumentar la generación de empleo y contribuir a mejorar la oferta de alimentos producidos localmente.

El documento añade que, para superar a la situación causada por el alza de los precios de los alimentos, empeorada por la crisis económica, “se requieren medidas inmediatas que atiendan a las millones de personas que se han sumado a la población que padece hambre, y llevar a cabo medidas estructurales que incrementen la inversión y la productividad del sector agrícola, para cubrir las nuevas exigencias de los mercados agroalimentarios y, paralelamente, prevenga futuras crisis de alimentos”.

Respuestas de los gobiernos

Con ese propósito en mente, diversos países de América Latina y el Caribe han tomado medidas específicas para el sector agrícola, que incluyen facilitar el acceso a crédito y estimular la producción agrícola, ampliar los sistemas de seguro agrícola, invertir en la modernización del sector y en la mejora de la infraestructura disponible, incentivar la integración de las cadenas productivas, y reforzar las redes de protección social.

Además de las respuestas nacionales, el Boletín destaca la decisión tomada en la primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, celebrada en diciembre de 2008 en Brasil, de fortalecer la cooperación regional y establecer estrategias comunes para enfrentar los desafíos.

En el área del combate al hambre y la promoción de la seguridad alimentaria, los Jefes de Estado y de Gobierno de todos los países de la Región decidieron “fortalecer los procesos de integración en el ámbito alimentario y conjugar esfuerzos en apoyo a la Iniciativa América Latina y el Caribe Sin Hambre”.


Links:

· Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe:
http://www.rlc.fao.org

· Boletín “Situación Alimentaria en América Latina y el Caribe”:
http://www.rlc.fao.org/iniciativa/pdf/bolobdh4.pdf

· Declaración Final de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo:
http://www.rlc.fao.org/es/prioridades/seguridad/pdf/integracion.pdf

miércoles, 14 de enero de 2009

EL HAMBRE

En defensa de la seguridad y la soberanía alimentarias.

por Agustín Morán
13/01/2009
El hambre es síntoma de una alimentación insuficiente. La vida humana necesita una cantidad mínima de calorías diarias (entre 2000 y 2500). Estas calorías proceden de un combustible, los alimentos, cuya transformación suministra la energía necesaria para el funcionamiento del organismo humano. Sin alimentos suficientes hay un déficit de energía y la vida humana se degrada y tiende a extinguirse.
Los nutrientes principales son: proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas. Una alimentación saludable y completa debe ser suficiente y variada. La carencia de uno o varios de los nutrientes esenciales es causa de enfermedades e incluso, de la muerte. La falta de proteínas influye en el desarrollo, reduciendo el peso, la talla y la resistencia a las enfermedades.
El hambre es la peor de las exclusiones. Degrada la naturaleza humana y deshumaniza a las personas, convirtiéndolas en prisioneras de su hambre y reduciendo su salud y su esperanza de vida. La mortalidad infantil de los países empobrecidos multiplica por 10 la de los países ricos. La esperanza de vida de algunos países de Africa Subsahariana es la mitad que la de los países europeos. Paradójicamente, una buena parte de los cereales, grasas y azúcar que consumen los países ricos, proviene de países en los que el hambre campea a sus anchas.
En 1950 la FAO (organización de la ONU para la alimentación) estimaba que las dos terceras partes de la humanidad estaban subalimentadas, es decir, no llegaban a 2000 calorías diarias. Cincuenta años después, a pesar del vertiginoso aumento de la producción alimentaria en el mundo, los desnutridos no sólo siguen sin disminuir, sino que, por el contrario, aumentan. El mapa del hambre es el mismo que el mapa del subdesarrollo colonial y neocolonial. Dicho de otra manera, el hambre es producto de la dependencia de los países empobrecidos respecto de los países capitalistas más avanzados. Desde principios del siglo XX, solo las revoluciones populares han conseguido erradicar el hambre, la pobreza y la ignorancia de forma generalizada. A pesar del cerco del capitalismo y de sus propias deficiencias, el triunfo de la revolución rusa en 1917, de la revolución China en 1949 y de la revolución cubana en 1959, han conseguido acabar con el hambre e integrar material y socialmente a su población en una pobreza digna.
El desarrollo capitalista crea élites opulentas al lado de simas sociales en las que malviven las mayorías. Las potencias coloniales (Inglaterra, Francia, Holanda, España, Bélgica, EEUU, etc) imponen a países de África, Asia y América políticas agrícolas basadas en monocultivos para la exportación. Durante la etapa colonial, el expolio de materias primas y recursos naturales se dirigían a la metrópoli. A partir de 1950, tras la descolonización, dichos recursos se dirigen a los mercados internacionales controlados por las multinacionales de los países ricos. Las políticas agrícolas y alimentarias basadas en el “libre comercio” mundial están en el origen del hambre, la desnutrición, las enfermedades y la mortalidad infantil. Tras la 2ª Guerra Mundial, el proceso de descolonización transformó profundamente el sistema internacional de Estados, pasando de albergar 53 a 175 estados en 30 años. Para los nuevos estados – nación, la mayoría creados artificialmente bajo la batuta de los imperios en retirada, se repite el mismo proceso de expolio, intercambio desigual, dependencia y subdesarrollo, pero ahora, no a cañonazos sino mediante la “mano invisible” del mercado mundial.
Las instituciones causantes de estos crímenes no son de “infausto recuerdo”. Siguen activas y perpetrando los mismos desmanes: Se llaman Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio (GATT hasta 1991), G-7, OCDE y Unión Europea.
Las causas del hambre
El hambre no es un fenómeno natural. No depende de la escasez de tierras, de la naturaleza inclemente o del crecimiento demográfico. La superficie de la tierra está ocupada en 2/3 por agua. La tierra seca supone alrededor de 14 mil millones de hectáreas. La mitad es cultivable, pero solo está en producción el 12% de dicha superficie. La superficie necesaria para producir la alimentación anual de una persona no llega a media hectárea. Para una población de seis mil millones de seres humanos basta con cultivar 3000 millones de hectáreas.
Aunque todas las tierras no tienen la misma fertilidad, con un modelo de producción agroecológica y los recursos adecuados, se conseguirían recuperar y poner en producción muchas tierras abandonadas y terrenos desertizados.
El crecimiento demográfico
La causa del hambre no es la superpoblación. Las tasas más altas de crecimiento demográfico se producen en un entorno social de desnutrición y pobreza, y simétricamente, el coeficiente de natalidad disminuye con el aumento del nivel de vida.
La ley de Malthus, formulada a finales del siglo XVIII, afirmaba que mientras la producción de alimentos crece de forma aritmética (1, 3, 5, 7, 9, etc), la población crece de forma geométrica (1, 2, 4, 8, 16, 32, etc). Para la despiadada teoría de Malthus, la divergencia entre personas y recursos supone que: “las personas que vienen a un mundo ocupado, si no pueden obtener de sus padres la subsistencia y si la sociedad no necesita de su trabajo, no tienen derecho a reclamar su ración de alimento y, en realidad, están de más”.
Estas previsiones, se basaron en la observación de los excedentes de mano de obra producidos por la introducción del maquinismo y la gran industria durante la primera revolución industrial inglesa (1800 – 1860). La realidad ha desmentido la profecía maltusiana demostrando, doscientos años después, que los recursos alimentarios han crecido más rápidamente que la población.
El crecimiento del hambre no se debe a la escasez, sino a la destrucción del campesinado, la industrialización, la urbanización, la globalización, la contaminación, la desertización, el robo de tierras comunales, las invasiones, las guerras y la entrega de la alimentación al mercado. Es decir, al capitalismo. En la historia de la humanidad no ha habido ningún modelo civilizatorio más productor de hambre que el capitalismo.
El libre comercio
El crecimiento del comercio mundial de alimentos tiene como finalidad el lucro económico y está regulado por una lógica violenta, la competitividad. Esta turbina de destrucción creadora de desigualdad, hambre y violencia, tiene como protagonistas a las empresas multinacionales y como cómplices necesarios los estados, las instituciones del capitalismo internacional (FMI, BM, OMC, UE, OTAN) y los consumidores irresponsables, que somos casi todos. La globalización y mercantilización de los alimentos no es un proceso natural ni pacífico. Exige la desintegración social y económica de los modos tradicionales de producir alimentos y la desaparición o marginación de sus protagonistas, l@s campesin@s, sustituidos por los grandes empresarios del “agrobusiness”.
Los desequilibrios alimentarios, territoriales y ecológicos no se deben al aumento de la población sino al modelo de desarrollo capitalista. Este modelo desplaza de sus tierras a millones de campesin@s, arruinados por la competencia de las multinacionales, expulsados por las invasiones o las guerras. El “mercado libre” envenena el agua, la tierra y el aire y destruye los recursos naturales. La ley de rendimientos decrecientes, hasta ahora, no tiene como variable la densidad de población (cuanta más gente menos rendimiento), sino la tecnología aplicada al aumento de la productividad, la urbanización salvaje, el transporte de mercancías y la motorización. Todos ellos rasgos del capitalismo global.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (F.A.O.)
En 1943, la ONU realizó la primera “Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Alimentación y la Agricultura” en Hot Springs, Virginia, EEUU. Esta conferencia, se dedicó a los problemas de desnutrición y desabastecimiento alimentario agravados por la 2ª Guerra Mundial. Para resolver estos problemas, la ONU creó la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations) que se constituyó en Québec-Canadá en 1945.
La FAO se concibió como una organización consultiva compuesta por gobiernos que comenzó en Roma con 42 miembros. Su actividad consiste en detectar los problemas alimentarios mediante encuestas a los países miembros, fomentar la cooperación en materia de agricultura y abastecimiento recomendando políticas de producción y utilización de los excedentes alimentarios así como asistencia técnica e investigación, organización y educación.
La FAO viene realizando Campañas Mundiales contra el hambre desde 1960. La Primera Campaña Mundial, se desarrolló entre 1960 y 1965. En el contexto de dicha campaña el Congreso Mundial de la alimentación (Roma 1963), propuso intervenir a través de la ONU en los procesos de producción, distribución y consumo de alimentos. En el documento “Principios y Métodos que rigen la Campaña Mundial contra el hambre” se establecieron las políticas respecto a: 1) Fertilidad de la Tierra (abonos, aguas, erosión y rotación de cultivos), 2) cultivos (promoción del cultivo de arroz y legumbres, protección fitosanitaria, jardines y bosques), 3) producción animal (granjas industriales, lucha contra los parásitos, inseminación artificial), 4) pesca (modernización y mecanización, piscicultura) , 5) bosques (producción de madera para leña, talada racional, plantación de especies de crecimiento rápido), 6) tratamiento, conservación y transporte de los alimentos.
Lo que realmente ha aportado la FAO en la lucha contra el hambre, ha sido la globalización de la “revolución verde” que consiste en la utilización masiva de abonos, pesticidas, insecticidas y conservantes de origen químico en los alimentos, así como la industrialización y la producción y distribución de alimentos a gran escala para el comercio mundial.
Estas políticas, lejos de resolver los problemas de la agricultura y la ganadería para dar de comer a todo el mundo, han resuelto los problemas del gran capital invertido en el agronegocio, aumentando los problemas de hambre y desnutrición. También han resuelto los problemas de empleo de miles de funcionarios y burócratas que con sus encuestas mundiales, nos informan periódicamente del avance del hambre y las enfermedades alimentarias sin tomar partido contra sus verdaderas causas.
El director de la FAO, Jacques Diouf, advirtió -como aportación trascendental de esta agencia- que “si los gobiernos no frenan la subida de precios de arroz, trigo y maíz, el hambre y el malestar social desembocarían en grandes disturbios”. El precio del arroz ha pasado de 300 dólares por tonelada en 2007 a 550 dólares en Abril de 2008, el trigo de 200 a 400 dólares y el maíz de 180 a 215 dólares. Los precios de los cereales han subido en el último año un 88%. En muchos países la cesta básica de alimentos ha aumentado su precio el 57% en un año. El aumento de la producción de cereales crecerá en 2008 el 2,6% pero la demanda para consumo animal y para los agrocombustibles así como la subida del precio de los carburantes, seguirán empujando los precios al alza. La crisis financiera que se abate sobre la economía mundial, desde octubre de 2008 ha producido un descenso en el precio de estos alimentos, pero a costa de aumentar el desempleo, la precariedad y la exclusión.
La carestía de los alimentos no significa lo mismo en las grandes superficies de los países ricos que en los 37 países más pobres en los que el 70% de los ingresos familiares se destinan a la alimentación. Las revueltas por hambre en Haití, Egipto, Camerún, Senegal e Indonesia han ocasionado cientos de muertos y heridos.
La FAO propone reuniones internacionales para recaudar fondos con los que realizar un reparto gratuito de semillas y fertilizantes que aumenten la producción en estos países. Estas buenas intenciones se ven amenazadas por el déficit o el exceso de lluvias, la escasez de reservas mundiales de cereales y la recesión de la economía mundial. Todo menos afrontar el problema de fondo: la mercantilización, industrialización y control de los alimentos por parte de las multinacionales.
¿COEXISTENCIA CON TRANSGÉNICOS?, ¡NO, NO Y NO!
NI CONSUMIDOS, NI IMPORTADOS, NI PRODUCIDOS. ¡PROHIBICIÓN!

sábado, 3 de enero de 2009

¿POR QUÉ UN HAMBRE GALOPANTE EN PLENO SIGLO XXI?

Eric Toussaint* - Damien Millet**

¿Cómo se puede erradicar el hambre? ¿Cómo explicar que todavía tengamos que enfrentarnos al hambre en el siglo XXI? Uno de cada siete habitantes de la Tierra padece hambre en forma permanente.

Las causas son conocidas: una profunda injusticia en la distribución de las riquezas, un acaparamiento de las tierras por una reducida minoría de grandes terratenientes. Según la FAO [1], 963 millones de personas padecían hambre en 2008. Situación paradójica: estas personas pertenecen estructuralmente a la población rural. En su mayoría son productores agrícolas que no poseen propiedades o tiene muy pocas tierras, ni tampoco nada que las valorice.
¿Cuál es el origen de la crisis alimentaria 2007-2008?
Se debe señalar que en 2007-2008, la cantidad de personas que padecían hambre aumentó en 140 millones. Este aumento neto se debió a la fuerte subida del precio de los productos alimentarios [2]. En muchos países, este aumento de los precios de la venta de alimentos al por menor llega a ser, a veces, del 50 %.
¿Por qué se produjo este aumento? Es importante comprender qué es lo que pasa desde hace tres años para responder a esta pregunta y, luego se podrá poner en práctica políticas alternativas adecuadas.
Por una parte, los poderes públicos del Norte han aumentado sus ayudas y sus subvenciones a los agrocombustibles (llamados erróneamente biocombustibles, cuando no tienen nada de bio, "de ecológico"). De pronto se volvió rentable reemplazar los cultivos para la alimentación humana por cultivos de forrajes y de oleaginosas, o desviar una parte de la cosecha de granos (maíz, trigo...) hacia la producción de agrocombustibles.
Por otra parte, después del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, y luego, de rebote, en el resto del mundo, la especulación de los grandes inversores (fondos de pensión, bancos de inversiones, hedge funds...) se desplazó hacia los mercados donde se negocian los contratos de los productos primarios alimentarios -principalmente en tres bolsas de Estados Unidos especializadas en el mercado a término de granos: Chicago, Kansas City y Minneapolis-. Por lo tanto, es urgente que los ciudadanos actúen para impedir por vía legal la especulación sobre los alimentos... Aunque la especulación a la alza terminó a mediados de 2008 y que el precio en los mercados a término se desplomó, los precios al por menor no siguieron el mismo descenso. Una aplastante mayoría de la población mundial dispone de unos ingresos muy bajos y sufre todavía hoy las consecuencias dramáticas del aumento del precio de los alimentos de 2007-2008. Las decenas de millones de empleos perdidos anunciados para 2009-2010 a escala mundial agravarán más la situación. Para contrarrestar esta situación, es necesario que las autoridades públicas ejerzan un control sobre los precios de los alimentos con el fin de hacerlos bajar.
El aumento del hambre en el mundo no es debido, por el momento, al cambio climático. Pero este factor tendrá consecuencias muy negativas en el futuro en la producción agrícola de algunas regiones del mundo, en particular en las zonas tropicales y subtropicales. La producción agrícola en la zona templada se vería menos afectada. La solución consiste en una acción radical para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (el GIEC [3] recomienda una disminución del 80% de las emisiones para los países más industrializados y un 20 % para los demás).
¿Es posible erradicar el hambre?
Sí, es posible. Las soluciones fundamentales para alcanzar este objetivo vital pasan por una política de soberanía alimentaria y una reforma agraria. Por lo tanto, se debe alimentar la población a partir del esfuerzo de los productores locales, y limitar, al mismo tiempo, las importaciones y exportaciones.
Es necesario que la soberanía alimentaria esté en el seno de las decisiones políticas de los gobiernos. La base deben ser las explotaciones agrícolas familiares que utilizan técnicas destinadas a producir los alimentos ecológicos. Esto permitiría de disponer de una alimentación de calidad: sin OGM, sin plaguicidas, sin herbicidas, sin abonos químicos. Pero para alcanzar este objetivo, es necesario que más de 3.000 millones de campesinos puedan acceder a la tierra en cantidad suficiente y que la puedan trabajar por su cuenta en vez de enriquecer a los grandes propietarios, a las transnacionales de la agroindustria y a los comerciantes. También deben disponer, gracias a la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra (sin agotarla).
Es necesario que la soberanía alimentaria esté en el seno de las decisiones políticas de los gobiernos. La base deben ser las explotaciones agrícolas familiares que utilizan técnicas destinadas a producir los alimentos ecológicos. Esto permitiría de disponer de una alimentación de calidad: sin OGM, sin plaguicidas, sin herbicidas, sin abonos químicos. Pero para alcanzar este objetivo, es necesario que más de 3.000 millones de campesinos puedan acceder a la tierra en cantidad suficiente y que la puedan trabajar por su cuenta en vez de enriquecer a los grandes propietarios, a las transnacionales de la agroindustria y a los comerciantes. También deben disponer, gracias a la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra (sin agotarla).
Es importante señalar que el FMI y sobre todo el Banco Mundial tienen una enorme responsabilidad en la crisis alimentaria, ya que son los que recomendaron a los gobiernos del Sur suprimir los organismos de crédito público para los campesinos y colocaron a los pequeños productores agrícolas entre las garras de los prestamistas privados (a menudo, grandes comerciantes), o de bancos privados que aplican tipos de interés usureros. Esto provocó el endeudamiento masivo de los campesinos, ya sea en la India, en Nicaragua, en México, en Egipto o en numerosos países del África subsahariana. Según las encuestas oficiales, el sobre endeudamiento que afecta a los campesinos indios es la principal causa de suicidio de 150.000 campesinos en la India en el curso de los últimos 10 años. Es un país donde precisamente el Banco Mundial tuvo éxito en convencer a las autoridades para que suprimieran las agencias públicas de crédito a los agricultores. Y esto no es todo: durante los últimos cuarenta años, el Banco Mundial y el FMI alentaron a los países tropicales a disminuir su producción de trigo, de arroz o de maíz para reemplazarla por cultivos para la exportación (cacao, café, té, bananas, cacahuetes, flores...). Finalmente, para redondear su trabajo en favor de las grandes sociedades del agrobusiness y de los grandes países exportadores de cereales (comenzando por Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental), lograron que los gobiernos abrieran las fronteras de par en par a la importación de alimentos, que se beneficia de las subvenciones masivas de los gobiernos del Norte, lo que ha provocado la quiebra de muchos productores del Sur y una fuerte reducción de la producción de alimentos para el consumo local.
En resumen, es necesario poner en marcha la soberanía alimentaria y la reforma agraria. Hay que abandonar la producción de agrocombustibles y desterrar las subvenciones públicas a los que los producen. También, se debe volver a crear en el Sur los stocks públicos de reserva de alimentos (en particular de granos: arroz, trigo, maíz...) y los organismos públicos de crédito a los agricultores y restablecer una regulación de los precios de los alimentos. Es necesario garantizar que las poblaciones de bajos ingresos puedan beneficiarse de precios bajos para alimentos de calidad. El Estado debe asegurar a los pequeños productores agrícolas precios de venta suficientemente elevados con el fin de permitirles mejorar en forma neta sus condiciones de vida. El Estado debe también desarrollar los servicios públicos en los medios rurales (salud, educación, comunicaciones, cultura, «bancos» de semillas, etc.). Los poderes públicos pueden perfectamente garantizar a la vez unos precios subvencionados a los consumidores de alimentos y un precio de venta suficientemente elevado para que los pequeños productores dispongan de los ingresos necesarios.
Acaso, este combate contra el hambre no es parte de un combate más amplio?No se puede pretender luchar seriamente contra el hambre sin atacar las causas fundamentales que han llevado a la situación actual. Y la deuda es una de estas causas. Los golpes publicitarios sobre el tema, frecuentes durantes estos últimos años, en particular durante las cumbres del G8 o del G20, no pueden ocultar que el problema sigue sin solución. La crisis global que actualmente afecta al mundo agrava la situación de los países en desarrollo frente al costo del endeudamiento y de las nuevas crisis de deuda que se están preparando en el Sur. Esta deuda condujo a los pueblos del Sur, provistos con frecuencia de riquezas humanas y naturales considerables, a un empobrecimiento general. La deuda es un saqueo organizado al que es urgente ponerle fin.
Efectivamente, el mecanismo infernal de la deuda pública es el principal obstáculo para asegurar la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, y entre las cuales está una alimentación decente. Sin ninguna duda, la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales debe primar sobre cualquier otra consideración, geopolítica o financiera. En el plano moral, los derechos de los acreedores, rentistas y especuladores no pueden pesar lo mismo que los derechos fundamentales de 6.000 millones de ciudadanos, pisoteados por el mecanismo implacable que representa la deuda.
Es inmoral pedir a los países empobrecidos por una crisis global, de la que no son en absoluto responsables, que dediquen una parte de sus recursos a reembolsar a sus acreedores adinerados (ya sean del Norte o del Sur), en lugar de destinarlos a la satisfacción de esas necesidades fundamentales. La inmoralidad de la deuda proviene también del hecho de que con frecuencia fue contraída por regímenes no democráticos, que no utilizaron las sumas recibidas en interés de sus poblaciones y que a menudo organizaron desvíos masivos del dinero, con el acuerdo tácito o activo, de los gobiernos del Norte, del Banco Mundial y del FMI. Los acreedores de los países más industrializados prestaron el dinero con conocimiento de causa a regímenes a menudo corruptos. Por lo tanto, no tienen derecho a exigir a los pueblos que paguen esas deudas inmorales e ilegítimas.
Es inmoral pedir a los países empobrecidos por una crisis global, de la que no son en absoluto responsables, que dediquen una parte de sus recursos a reembolsar a sus acreedores adinerados (ya sean del Norte o del Sur), en lugar de destinarlos a la satisfacción de esas necesidades fundamentales. La inmoralidad de la deuda proviene también del hecho de que con frecuencia fue contraída por regímenes no democráticos, que no utilizaron las sumas recibidas en interés de sus poblaciones y que a menudo organizaron desvíos masivos del dinero, con el acuerdo tácito o activo, de los gobiernos del Norte, del Banco Mundial y del FMI. Los acreedores de los países más industrializados prestaron el dinero con conocimiento de causa a regímenes a menudo corruptos. Por lo tanto, no tienen derecho a exigir a los pueblos que paguen esas deudas inmorales e ilegítimas.
El G8, el FMI, el Banco Mundial y el Club de París imponen su propia verdad, su propia justicia, de la que son juez y parte. Frente a la crisis, el G20 tomó el relevo y busca recolocar a un FMI desacreditado y deslegitimado en el centro del juego político y económico. Hay que acabar con esta injusticia que beneficia a los opresores, tanto sean del Norte como del Sur.
Notas:
[1] Organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, www.fao.org
[2] Ver Damien Millet y Eric Toussaint « Repaso de las causas de la crisis alimentaria mundial" http://www.cadtm.org/spip.php?article3624Eric Toussaint, "Volvamos a hablar de las causas de la crisis alimentaria" http://www.cadtm.org/spip.php?article3831
[3] Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, ver www.ipcc.ch/languages/spanish.htm
Eric Toussaint, doctor en ciencias políticas, es presidente de CADTM Bélgica (Comité para la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo, www.cadtm.org), autor de El Banco del Sur y la nueva crisis internacional, El Viejo Topo, 2008, 230 páginas (también publicado en 2008 en Ecuador por Abya Yala y en Bolivia por el Observatorio DESC). **Damien Millet, matemático, es portavoz de CADTM Francia, autor de África sin Deuda, Icaria, Barcelona, 2007. En forma conjunta, escribieron 60 preguntas, 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, próxima edición Icaria/Intermón Oxfam. Traducido por Griselda Pionero y Raúl Quiroz].

viernes, 19 de diciembre de 2008

LA CIFRA DE VÍCTIMAS DEL HAMBRE ALCANZA YA LOS 963 MILLONES

Última publicación de la FAO sobre el hambre en el mundo.
Otros 40 millones de personas han sido abocadas al hambre este año debido principalmente al alza de los precios alimentarios, según las cifras preliminares dadas a conocer hoy por la FAO. Con ello la cifra total de desnutridos en el mundo se eleva ya a 963 millones, comparada con los 923 millones de 2007, mientras que la actual crisis económica y financiera puede conducir todavía a más gente hacia el hambre y la pobreza, según alertó hoy la Organización de la ONU.
"Los precios de los alimentos han bajado a nivel mundial desde principios de 2008, pero este descenso no ha solucionado la crisis alimentaria en muchos países pobres", dijo el Director General Adjunto de la FAO Hafez Ghanem, al presentar la última edición del informe de la FAO sobre el hambre: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo (SOFI 2008).
"Para millones de personas en los países en desarrollo, contar a diario con una cantidad mínima de alimentos para llevar una vida sana y activa es un sueño lejano. Las causas estructurales del hambre, como la falta de acceso a la tierra, crédito o empleo, combinados con los altos precios de los alimentos, continúan siendo una triste realidad", aseguró.
Los precios de los principales cereales han caído más del 50 por ciento desde sus máximos a principios de 2008, pero permanecen altos comparados con los años precedentes. A pesar del fuerte descenso en los últimos meses, el Índice de Precios de la FAO era todavía un 28 por ciento más alto en octubre de 2008 comparado con octubre de 2006.
Con precios de semillas y fertilizantes (y de otros insumos) a más del doble de su nivel de 2006, los campesinos pobres no han podido aumentar su producción. Pero los agricultores pudientes, en particular los de los países desarrollados, han podido hacer frente al alza de precios de los insumos y aumentar sus plantaciones. Como consecuencia, se espera que la producción de cereales en los países desarrollados crezca al menos un 10 por ciento en 2008. Por su parte, el incremento en los países en desarrollo no pasará del uno por ciento.
"Si el descenso de precios y la restricción del crédito asociada con la crisis económica fuerza a los campesinos a producir menos alimentos, el año próximo podríamos asistir a otro brusco alza de los precios", subrayó Ghanem. "El objetivo -añadió- de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996, de reducir a la mitad la cifra de hambrientos en 2015, requiere un fuerte compromiso político e inversiones en los países pobres de al menos 30.000 millones de dólares anuales para la agricultura y cobertura social para los pobres".
El mapa del hambre
La gran mayoría de las personas desnutridas en el mundo -907 millones- vive en países en desarrollo, según los datos de 2007 que ofrece El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. De ellas, el 65 por ciento se concentra en siete países: India, China, la República Democrática del Congo, Bangladesh, Indonesia, Pakistán y Etiopía. Los progresos en los países de mayor población tendrán un importante impacto en la reducción del hambre a nivel mundial.
Casi dos tercios (583 millones en 2007) de los hambrientos del mundo viven en Asia, continente con una nutrida población y progresos relativamente lentos en la reducción del hambre. Como dato positivo, algunos países del Sudeste asiático, como Tailandia y Viet Nam han realizado avances notables hacia los objetivos de la CMA, mientras que Asia meridional y central han experimentado retrocesos en la lucha contra el hambre.
En África subsahariana, una de cada tres personas (236 millones en 2007) sufre de desnutrición crónica, el porcentaje más alto de personas desnutridas sobre el total de la población, según el informe. La mayor parte del incremento de hambrientos ha tenido lugar en un único país: la República Democrática del Congo, como resultado de un conflicto generalizado y persistente. El país africano ha pasado de 11 millones de desnutridos (en 2003-05) a 43 millones, con una proporción sobre la población total del 29 al 76 por ciento.
En conjunto, África subsahariana ha realizado algunos progresos en reducir la proporción de víctimas del hambre crónica, que ha bajado del 34 (1995-97) al 30 por ciento (2003-2005). Ghana, Congo, Nigeria, Mozambique y Malawi han conseguido las mayores reducciones en este sentido. Ghana es el único país africano que ha alcanzado los niveles de reducción del hambre marcados por la CMA y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El crecimiento de su producción agrícola ha sido la clave del éxito.
Latinoamérica y el Caribe alcanzaron su mayor éxito en la reducción del hambre antes del alza de los precios. Pero las subidas han incrementado el número de personas hambrientas en la región, que se situó en 51 millones en 2007.
Los países de Oriente Próximo y el Norte de África experimentan por lo general niveles reducidos de desnutrición. Pero los conflictos (en Afganistán e Iraq) y el alza de precios alimentarios han elevado la cifra, desde 15 millones de desnutridos en 1990-92 a 37 millones en 2007.
Objetivo difícil de alcanzar
Algunos países se encontraban bien encarrilados para alcanzar los objetivos de la CMA, antes de que los precios de los alimentos se disparasen. "Incluso estos países han sufrido retrocesos: parte de los progresos alcanzados se han cancelado debido al alza de precios. La crisis ha afectado principalmente a los más pobres, los campesinos sin tierra y las familias encabezadas por mujeres", afirmó Ghanem. "Será necesario -añadió- un esfuerzo global enorme y decidido, junto a acciones concretas, para reducir el número de hambrientos a 500 millones en 2015".
Exportaciones amenazadas
La situación del hambre en el mundo puede deteriorarse todavía más si la crisis financiera golpea la economía real de cada vez más países. La reducción de la demanda en los países desarrollados amenaza los ingresos que los países en desarrollo obtienen a través de las exportaciones. Las remesas de los emigrantes, las inversiones y otros flujos de capital -incluyendo la ayuda al desarrollo-, se encuentran también amenazados. Las economías emergentes en particular son susceptibles del impacto duradero de la restricción de créditos, incluso si la crisis es de corta duración.
OFICINA DE LA FAO EN ESPAÑA. MADRID

LOS SUPERMERCADOS Y LA CRISIS ALIMENTARIA MUNDIAL

Esther Vivas* 05-12-08
El monopolio y concentración permite un fuerte control a la hora de determinar lo qué consumimos, a qué precio lo compramos, de quién procede, cómo ha sido elaborado, con qué productos, etc. Nuestra alimentación depende cada día más de los intereses de estas grandes cadenas de venta al detalle y su poder se evidencia con toda crudeza en una situación de crisis. Su aparición en el transcurso del siglo XX, ha contribuido a la mercantilización del qué, el cómo y el dónde compramos supeditando la alimentación, la agricultura y el consumo a la lógica del capital y del mercado.
La crisis alimentaria ha dejado sin comida a miles de personas en todo el mundo. A la cifra de 850 millones de hambrientos, el Banco Mundial añade cien más fruto de la crisis actual. El “tsunami” del hambre no tiene nada de natural, sino que es resultado de las políticas neoliberales impuestas durante décadas por las instituciones internacionales. Hoy, el problema no es la falta de alimentos sino la imposibilidad para acceder a ellos debido a sus altos precios.
Esta crisis alimentaria deja tras sí a una larga lista de perdedores y de ganadores. Entre los más afectados, se encuentran mujeres, niños y niñas, campesinos y campesinas expulsados de sus tierras, pobres urbanos... En definitiva, aquellos que engrosan las filas de las y los oprimidos del sistema capitalista. Entre los ganadores, encontramos a las multinacionales de la industria agroalimentaria que controlan de origen a fin la cadena de producción, transformación y comercialización de los alimentos. De este modo, mientras la situación de crisis azota, principalmente, a los países del sur global, las multinacionales del sector ven multiplicar sus ganancias.
Monopolios
La cadena agroalimentaria está controlada en cada uno de sus tramos (semillas, fertilizantes, transformación, distribución, etc.) por multinacionales que consiguen grandes beneficios gracias a un modelo agroindustrial liberalizado y desregularizado. Un sistema que cuenta con el apoyo explícito de las élites políticas y de las instituciones internacionales que anteponen los beneficios de estas empresas a las necesidades alimenticias de las personas y el respeto al medio ambiente.
La gran distribución, al igual que otros sectores, cuenta con una alta concentración empresarial. En Europa, entre los años 1987 y 2005, la cuota de mercado de las diez mayores multinacionales de la distribución significaba un 45% del total y se pronosticaba que ésta podría llegar a un 75% en los próximos 10-15 años. En países como Suecia, tres cadenas de supermercados controlan alrededor del 95,1% de la cuota de mercado; y en países como Dinamarca, Bélgica, Estado español, Francia, Holanda, Gran Bretaña y Argentina, unas pocas empresas dominan entre el 60% y el 45% del total. Las megafusiones son la dinámica habitual en el sector. De este modo, las grandes corporaciones, con su matriz en los países occidentales, absorben a cadenas más pequeñas en todo el planeta asegurándose su expansión a nivel internacional y, especialmente, en los países del sur global.
Este monopolio y concentración permite un fuerte control a la hora de determinar lo qué consumimos, a qué precio lo compramos, de quién procede, cómo ha sido elaborado, con qué productos, etc. En el año 2006, la segunda empresa más grande del mundo por volumen de ventas fue Wal-Mart y en el listado de las cincuenta mayores empresas mundiales se encontraban también, por orden de facturación, Carrefour, Tesco, Kroger, Royal Ahold y Costco. Nuestra alimentación depende cada día más de los intereses de estas grandes cadenas de venta al detalle y su poder se evidencia con toda crudeza en una situación de crisis.
De hecho, en abril del 2008 y frente a la situación de crisis alimentaria mundial, las dos mayores cadenas de supermercados de Estados Unidos, Sam’s Club (propiedad de Wal-Mart) y Costco (de venta a mayoristas), apostaron por racionar la venta de arroz en sus establecimientos aludiendo a una posible restricción en el suministro de este cereal. En Sam’s Club, se limitó la venta de tres variedades de arroz (basmati, jasmine y grano largo) así como la compra de sacos de arroz de nueve o más quilos a un total de cuatro por cliente; en Costco se restringió la venta de harina y de arroz frente al aumento de la demanda. En Gran Bretaña, Tilda (la principal importadora de arroz basmati a nivel mundial) también estableció restricciones a la venta de arroz en algunos establecimientos al por mayor. Con esta medida se puso en evidencia la capacidad de las grandes cadenas de distribución de incidir en la compra y venta de determinados productos, limitar su distribución e influir en la fijación de sus precios. Un hecho que ni siquiera se había producido en Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, cuando sí se restringió el acopio de petróleo, neumáticos y bombillas, pero no de alimentos.
Cambio de hábitos
Otra dinámica que se ha puesto de relieve frente a la situación de crisis alimentaria ha sido el cambio de hábitos a la hora de hacer la compra. Ante la necesidad, por parte de los clientes, de abrocharse el cinturón y buscar aquellos establecimientos con precios más baratos, las cadenas de descuento han sido las que han salido ganando. En Italia, Gran Bretaña, Estado Español, Portugal y Francia, estos supermercados han visto aumentar sus ventas entre un 13% y un 9% el primer trimestre del 2008 respecto al año anterior.
Otro indicador del cambio de tendencia es el aumento de las ventas de marcas blancas que ya suponen, según datos del primer trimestre del 2008, en Gran Bretaña un 43,7% del volumen total de ventas, en el Estado Español un 32,8%, en Alemania un 31,6% y en Portugal y Francia alrededor del 30%. Cuando son, precisamente, las marcas blancas las que dan un mayor beneficio a las grandes cadenas de distribución y permiten una mayor fidelización de sus clientes.
Pero más allá del papel que la gran distribución pueda jugar en una situación de crisis (con restricciones a la venta de algunos de sus productos; cambios en los hábitos de compra, etc.), este modelo de distribución ejerce a nivel estructural un fuerte control e impacto negativo en los distintos actores que participan en la cadena de distribución de alimentos: campesinos/as, proveedores, consumidores/as, trabajadores/as, etc. De hecho, la aparición de los supermercados, hipermercados, cadenas de descuento, autoservicios..., en el transcurso del siglo XX, ha contribuido a la mercantilización del qué, el cómo y el dónde compramos supeditando la alimentación, la agricultura y el consumo a la lógica del capital y del mercado.
* Esther Vivas es miembro de la Red de Consumo Solidario y de la campaña No te comas el mundo. Es coautora del libro Supermercados, no gracias (Icaria editorial, 2007). Publicado en AAVV Introducción a la Crisis Alimentaria Global, Barcelona, No te comas el mundo.

martes, 25 de noviembre de 2008

CRISIS ALIMENTARIA: EFECTOS,CAUSAS Y ALTERNATIVAS

Intervención de Vicent Garcés en la Mesa sobre Crisis Alimentaria celebrada en el Parlamento de Chile en Valparaiso en el marco del encuentro de la Delegación Parlamentaria Mixta UE-Chile. 10 de noviembre de 2008


LA CRISIS

En septiembre pasado la FAO afirmaba que el alza de precios de los alimentos ha provocado que 75 millones de personas pasen a una situación de hambre, con lo que la cifra de población hambrienta y desnutrida en el mundo en 2007 se elevó a 923 millones de personas. Para comparar conviene recordar que en 1960, había en todo el planeta 80 millones de seres humanos que pasaban hambre. Hay que tener en cuenta, además, que el 75% de esas personas son población rural, pequeños agricultores o campesinos sin tierra productores de alimentos.

Según un reciente informe del Banco Mundial, el número de personas que sufren de desnutrición en el mundo aumentará en 44 millones en 2008 y alcanzará una cifra total aproximada de 967 millones, a raíz del incremento de los precios de los productos alimenticios. Estas últimas semanas, los precios de los cereales comestibles y semillas oleaginosas han caído seriamente debido a la disminución del crecimiento económico, a la reducción de los precios del petróleo y al incremento de la producción, factores estos que han provocado la retirada de los fondos de inversión especulativos de estos mercados, empujando las cotizaciones a la baja. Con todo, millones de pobres van a experimentar duraderamente el impacto de la elevación de los precios alimentarios habida en 2007 y 2008.

La OCDE ha señalado últimamente que los precios disminuirán en el futuro próximo, pero no descenderán por debajo del nivel del año 2005, estimando que los próximos diez años los precios de los cereales se incrementaran un 20-30% sobre el nivel del decenio anterior.

Los objetivos de desarrollo del Milenio, ya difícilmente alcanzables antes de la crisis, corren ahora un mayor peligro. El Director General de la FAO, consciente de esta realidad, acaba de pedir al recién elegido Presidente de EE.UU., Barack Obama, que tome el liderazgo para convocar una Cumbre Mundial sobre la Alimentación en el primer semestre de 2009 para alcanzar un amplio consenso común sobre la eliminación definitiva del hambre de la faz de la tierra.

LAS CAUSAS

Los factores que han originado esta crisis alimentaria son múltiples y complejos:
- un desequilibrio estructural creciente entre oferta y demanda producido por políticas equivocadas y por la demanda de los países emergentes
- malas condiciones climáticas
- el especulativo precio del petróleo, que tiene un gran impacto en los costes agrícolas desde los fertilizantes al transporte,
- la especulación ante la escasez creada por las restricciones a la exportación y la debilidad de los stocks.
- la creciente producción de biocombustibles. La nueva edición de "El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación", publicada anualmente por la FAO, señala que las políticas y subvenciones de los biocombustibles deberían ser reconsideradas con urgencia para mantener el objetivo de la seguridad alimentaria mundial, proteger a los campesinos pobres, promover un desarrollo rural de amplia base y asegurar la sostenibilidad medioambiental.

AYUDAS Y ALTERNATIVAS

En mayo, el Directorio del Banco Mundial aprobó la creación del Programa de respuesta a la crisis mundial de los alimentos, con la finalidad de ofrecer asistencia técnica y acceso al financiamiento a los países afectados por un importe de 1.200 millones de dólares. Estas intervenciones complementan las respuestas de emergencia y de corto plazo del Programa Mundial de Alimentos y de otros donantes. En total, a fines de septiembre de 2008 el Banco Mundial había aprobado donaciones por 137 millones de dólares para 17 países.

Por su lado, la Comisión Europea el pasado 20 de mayo proclamó que tiene la intención de:

• supervisar la evolución de los precios;
• adaptar la política agrícola común a las nuevas realidades;
• modificar el programa de seguridad alimentario en favor de los más pobres;
• analizar el funcionamiento de la cadena alimentaria;
• tomar medidas para mejorar la seguridad alimentaria mundial:
• seguir promoviendo una política de libre comercio y trabajar en la conclusión rápida de la ronda de negociaciones comerciales de Doha en el seno de la OMC;
• mantener los compromisos humanitarios de la UE y reforzar su contribución a los esfuerzos desplegados a escala mundial para reducir los efectos de la crisis sobre las poblaciones pobres.

El Parlamento Europeo, el 22 de mayo pasado, adoptó una resolución sobre la subida de los precios de los alimentos que incluía las siguientes consideraciones, entre otras:

- el carácter fundamental del derecho a la alimentación y la obligación de los Estados de proteger, respetar y cumplir este derecho humano.
- la preocupación por los efectos de la especulación sobre los productos alimentarios básicos sobre el hambre y la pobreza en el mundo.
- que el suministro de alimentos a todas las personas en todo el mundo debería tener prioridad sobre cualquier otro objetivo
- la necesidad de garantizar una regulación nacional y mundial de los mercados agrícolas
- que se han de respetar los ingresos de los agricultores
- que hay que dar prioridad a los alimentos sobre los combustibles y que, por tanto, la producción de biocombustibles debe vincularse a estrictos criterios de sostenibilidad.
- que para combatir verdaderamente el hambre y la pobreza es necesaria una política global de desarrollo sostenible.
- pide un aumento urgente y sustancial de las inversiones en agricultura, acuicultura, desarrollo rural y agroindustria en los países en desarrollo, centrado en los agricultores pobres y en la agricultura a pequeña escala basada en sistemas de producción agroecológicas.
- que los países deben tener derecho a la soberanía y la seguridad alimentaria y que les asiste el derecho a proteger sus mercados contra las importaciones de producciones subvencionadas.

El Consejo Europeo del 20 de junio pasado concluyó que era necesaria la intervención de la Unión Europea desde una perspectiva de desarrollo y de ayuda humanitaria. El Consejo respaldaba así la propuesta de la Comisión de crear un nuevo Fondo frente a la fuerte subida de los precios de los productos alimenticios en los países en vías de desarrollo, estimando las necesidades a corto plazo, 2008-2009, en 18.000 millones de euro, de los que mil millones serán financiados por la Comunidad Europea durante los años 2008 y 2009.

La FAO, por su lado, señala que los países más golpeados por la actual crisis, muchos de ellos en Africa, necesitarán al menos 30.000 millones de USD para garantizar su seguridad alimentaria y reactivar sistemas agrícolas que han sido descuidados durante mucho tiempo

Según la FAO, para romper el círculo vicioso del hambre y la pobreza, se requiere actuar de forma urgente en dos frentes. A saber:

- hacer que la población más vulnerable del planeta tenga acceso a alimentos,
- ayudar a los pequeños productores rurales a aumentar su producción y sus ingresos.

Los gobiernos deben evitar reducir las ayudas a la agricultura de los países en desarrollo y establecer medidas proteccionistas en el comercio como respuesta a la actual crisis financiera mundial, ha afirmado recientemente Jacques Diouf, Director General de la FAO.

Las alternativas al actual estado de crisis alimentaria y más allá han de buscarse con la mirada puesta en el horizonte de bienestar de la gente y del planeta. Cada vez más es evidente que se necesita un eficaz y eficiente control democrático de las instituciones financieras y económicas para:

. Promover estrategias agrícolas que busquen la seguridad y la soberanía alimentaria, así como la agricultura orgánica.
. Aplicar reformas agrarias y otras medidas que apoyen al pequeño agricultor, al campesino sin tierra y mantengan las comunidades campesinas e indígenas.
. Frenar la expansión de empresas del agro-negocio que promueven monocultivos social, económica y ambientalmente insostenibles.
. Restablecer el nexo perdido entre la agricultura, las explotaciones agrícolas y la alimentación.
. Desarrollar la potencialidad interna de producción de alimentos por parte de los países en vías de desarrollo.

En Anexo se acompañan por su relevancia dos documentos:

1.- Discurso del Presidente del Gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, en la Cumbre de la FAO sobre seguridad alimentaria, cambio climático y bioenergía, celebrada en Roma el tres de junio de 2008.
2.- Carta de Maputo, Agricultura Campesina y Soberanía Alimentaria frente a la crisis global, acordada por la V Conferencia Internacional de la Vía Campesina celebrada en Maputo, Mozambique, del 19 al 22 de Octubre de 2008.



ANEXO I

Discurso del Presidente del Gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, en la Cumbre de la FAO sobre seguridad alimentaria, cambio climático y bioenergía
Roma, 03 de junio de 2008


Gracias, Primer Ministro Berlusconi; gracias, Director General de la FAO y Secretario General de Naciones Unidas por el acierto en la convocatoria de esta Cumbre internacional para abordar uno de los problemas más graves con los que nos hemos enfrentado en los últimos años, que es la crisis alimentaria.

Esta crisis, como consecuencia de una fuerte elevación del precio de productos alimentarios básicos, supone para la gran mayoría de los ciudadanos del mundo un sacrificio y para una parte importante de la población supone el hambre, cuando no la muerte, especialmente de niños, de aquellos en los que deberíamos de volcar muchos de los objetivos, planes y acciones cuando hablamos de lucha contra el hambre y la pobreza.

Agradezco al Director General de la FAO que haya citado a España como el país que ha tenido una respuesta más rápida incrementando nuestra creciente ayuda en la lucha contra el hambre y la pobreza. En los últimos cuatro años prácticamente hemos multiplicado por cinco nuestro esfuerzo en el mundo para luchar contra el hambre y la pobreza, y a la llamada urgente hemos respondido con cincuenta millones de euros más para abordar las necesidades más perentorias y más dramáticas en muchos lugares del mundo, especialmente de África, porque decir "hambre", "desigualdad" e "injusticia" en el mundo es decir África, y con África especialmente tenemos que volcarnos para afrontar un mundo más justo.

Quiero expresar dos objetivos que deberíamos de tener tras esta Cumbre: el primero de ellos, el liderazgo de Naciones Unidas, el liderazgo ante los Gobiernos, ante las empresas, ante las Organizaciones No Gubernamentales, ante la sociedad y ante los países y ciudadanos que esperan una respuesta a esta grave crisis alimentaria; liderazgo de Naciones Unidas, a quien compete coordinar, unificar y llevar adelante un proyecto común.

El segundo objetivo ahora es que los países desarrollados incrementemos la ayuda a la cooperación y al desarrollo, porque las palabras pueden ser todo lo bonitas que queramos, pero los fondos tienen que ser reales y no valen los compromisos. Y puedo decirlo desde esta tribuna porque España, cuando anuncia un compromiso de cifras en su incremento a la ayuda al desarrollo, cumple y lo saben los países con los que trabajamos en ese mismo fin.

En este momento no se puede asumir que, con esta crisis de hambre y de pobreza, haya países de la OCDE, desarrollados, que estén reduciendo su ayuda a la cooperación al desarrollo; no. Con tanta pobreza y miseria en el mundo, los países desarrollados tenemos que seguir incrementando nuestra ayuda a la cooperación y al desarrollo.

Son dos objetivos inmediatos y, más allá de esos dos objetivos, debemos de hacer una vuelta a la agricultura, que ha sido --asumámoslo todos los que estamos aquí-- una actividad de segundo plato, de segundo orden, en los últimos años; una vuelta a la agricultura, a la producción y a ayudar al pequeño agricultor. Para ello tienen derecho todos los agricultores del mundo, todos, a ser ayudados y de aquí debería salir un compromiso de que no podemos fracasar en la Ronda de Doha. Tenemos que cumplir y llegar a un acuerdo en Doha que dé oportunidades a tantos países y a tantos agricultores que hoy no las tienen en el mundo. Para ello pido flexibilidad y pido que estemos a la altura de las circunstancias.

Esa vuelta a la agricultura, con el incremento de la ayuda a la cooperación al desarrollo, debe de colmar con un esfuerzo por poner algo más de gobernanza en la globalización, porque la subida de los precios de los alimentos no se puede ni abordar, ni comprender, ni tener una respuesta eficaz, si no somos conscientes de lo que ha pasado con la crisis financiera, cuyo origen es Estados Unidos, y qué está pasando con la subida del precio del petróleo.

Los tres factores están interrelacionados y detrás de esos tres factores hay una falta de capacidad de las instituciones internacionales de dar respuestas ante problemas serios. No podemos sólo globalizar los mercados y no podemos sólo globalizar el movimiento de capitales si antes o al mismo tiempo no globalizamos el gobierno de las cosas, que es el sentido común al servicio del interés general.

España tiene un firme compromiso en la lucha contra el hambre y la pobreza, un firme compromiso con los más débiles; no de palabras, sino de hechos. Un firme compromiso porque no habrá un orden internacional que se llame de esa manera mientras tengamos la expectativa de ochocientos millones de seres humanos pasando hambre y miseria, y la expectativa de que pueden elevarse a cien millones más.

España está en ese firme compromiso con Naciones Unidas, con la FAO y con el Programa Mundial de Alimentos, y no queremos que esto quede hoy aquí en una Cumbre de buenas palabras y de un buen plan estratégico. Queremos ir más allá y a eso estamos dispuestos a comprometernos: a que en otoño tengamos en España --nos ofrecemos a ello-- una nueva Reunión de Alto Nivel para poner en marcha ese Plan Estratégico y elaborar una Carta de la Seguridad Alimentaria como derecho de los seres humanos, como derecho básico y esencial de los seres humanos.

Hemos sido capaces de producir, de inventar y de crear riqueza suficiente para que todo el mundo pueda tener acceso a la alimentación básica. Si no es así, es porque no hemos querido hacerlo. Aún tenemos la oportunidad y espero que esta crisis sea, ante todo, un aldabonazo en las conciencias de los más egoístas, de los más poderosos, que en sus manos en buena medida está que haya tantos niños que dejen de morir de hambre.

ANEXO II

Carta de Maputo - V Conferencia Internacional de la Vía Campesina
Maputo, Mozambique, 19-22 de Octubre, 2008


Agricultura Campesina y Soberanía Alimentaria Frente a la Crisis Global

El mundo entero está en crisis, una crisis de dimensiones múltiples, una crisis de alimentos, de energía, del clima y de las finanzas. Las soluciones que nos ofrecen desde el poder – mas libre comercio, semillas transgénicas, etc. - ignoran que la crisis es producto del sistema capitalista y del neoliberalismo, y solo profundizarán sus impactos. Para encontrar soluciones reales, mas bien hay que mirar hacía la soberanía alimentaria que propone la Vía Campesina.
¿Como llegamos a la crisis?

En las últimas décadas hemos visto el avance del capital financiero y de las empresas transnacionales, sobre todos los aspectos de la agricultura y del sistema alimentario de los países y del mundo. Desde la privatización de las semillas y la venta de agrotóxicos, hasta la compra de la cosecha, el procesamiento de los alimentos, y su transporte, distribución y venta al consumidor, todo está ya en manos de un número reducido de empresas. Los alimentos han pasado de ser un derecho de todos y todas, a ser una mercancía más. Se están homogeneizando nuestras dietas en todo el mundo, con alimentos que son malos para la salud, tienen precios fuera del alcance de la gente, y estamos perdiendo las tradiciones culinarias de nuestros pueblos.

A la vez estamos viendo una ofensiva del capital sobre los recursos naturales, como no se había visto desde tiempos coloniales. La crisis de la tasa de ganancia del capital los lanza a una guerra privatizadora de despojo contra nosotros y nosotras, campesinos e indígenas, un robo privatizador de la tierra, el territorio, los bosques, la biodiversidad, al agua y la minería. Los pueblos rurales y el medio ambiente están siendo agredidos. La siembra de agrocombustibles en grandes monocultivos industriales es parte de este despojo, justificado falsamente con argumentos sobre las crisis energéticas y climáticas. La realidad detrás de estas últimas facetas de la crisis tiene mucho más que ver con la matriz actual de transporte a larga distancia de bienes, e individualizado en automóviles, que con otra cosa.

Ahora el surgimiento de la crisis de alimentos y la crisis financiera hace que todo se agudiza. La misma crisis financiera y las crisis de alimentos están vinculadas por la especulación que hace el capital financiero con los alimentos y la tierra, en detrimento de la gente. Ahora el capital financiero se vuelve mas desesperado, asaltando los erarios públicos para sus rescates, los cuales van a obligar a todavía mayores recortes presupuestarios en los países, y mayor pobreza y sufrimiento. El hambre en el mundo sigue su ritmo de crecimiento. La explotación y todas las formas de violencia, en especial contra las mujeres, aumentan. Con la contracción económica en los países ricos, crece la xenofobia en contra de los trabajadores y trabajadoras migrantes, con creciente racismo y represión, y el modelo dominante ofrece cada vez menos oportunidades para la juventud en el campo.

En síntesis, todo va de mal en peor. Sin embargo, como toda crisis, genera oportunidades.

Oportunidades para el capitalismo, que usa la crisis para reinventarse y encontrar nuevas fuentes de ganancias, pero también oportunidades para los movimientos sociales. Entre los últimos se ubican el hecho que las tesis del neoliberalismo están quedando sin legitimidad con los pueblos, y el hecho de que las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, FMI, OMC) están mostrando su incapacidad de administrar la crisis (además de estar entre las causas de la misma crisis), creando la oportunidad para eliminarlos y construir otras instituciones de regulación de la economía global que sirven otros intereses. Está quedando claro que las corporaciones transnacionales son los verdaderos enemigos que están detrás de aquellos. Está quedando claro que los gobiernos neoliberales no sirven los intereses de sus pueblos. También está quedando claro que el régimen mundial de alimentos controlados por las empresas transnacionales, no es capaz de alimentar a la gran masa de personas en esta planeta, mientras que la soberanía alimentara basada en la agricultura campesina local es mas necesario que nunca.

¿Que defendemos en la Vía Campesina frente esta realidad?

La soberanía alimentaria: echando al capital especulativo fuera de los alimentos, y re-nacionalizando la producción y las reservas de alimentos, se ofrecería la única salida de la crisis alimentaria. Solo la agricultura campesina alimenta a los pueblos, mientras que el agronegocio produce productos de exportación y agrocombustibles para alimentar a los automóviles en lugar de los seres humanos. La soberanía alimentaria basada en la agricultura campesina ofrece la solución a las crisis.

Frente a las crisis energéticas y climáticas: la diseminación de un sistema alimentario local, que no se basa ni en la agricultura industrial ni en el transporte a larga distancia, eliminaría hasta un 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura industrial calienta al planeta, y la agricultura campesina enfría al planeta. Un cambio en el patrón de transporte humano hacía el transporte colectivo, y otros en los patrones de consumo, son los pasos adicionales necesarios para hacernos frente a las crisis energéticas y climáticas.

La reforma agraria genuina e integral, y la defensa del territorio indígena: son esenciales para revertir el despojo en el campo, y para poner la tierra a producir alimentos en lugar de exportaciones y combustibles.

La agricultura campesina sostenible: solo la producción campesina agroecológica puede desvincular el precio de los alimentos del precio de petróleo, recuperar los suelos degradados por la agricultura industrial, y producir alimentos sanos y cercanos para nuestros pueblos.

El avance de las mujeres es el avance para todos: El fin de todos los tipos de violencia hacía la mujer, incluyendo la física, la social y otras. El alcance de la verdadera paridad de género en todos los espacios internos e instancias de debates y toma de decisiones son compromisos imprescindibles para avanzar en este momento como movimientos de transformación de la sociedad.

El derecho a la semilla y al agua: La semilla y el agua son las fuentes de la vida, y son patrimonios de los pueblos. No podemos permitir su privatización, ni la siembre de semillas transgénicas o de tecnología terminator.

No a la criminalización de la protesta social, si a la Declaración de Derechos Campesinos en la ONU, propuesta por la Vía Campesina. Será una herramienta clave en el sistema legal internacional para fortalecer nuestra posición y nuestros derechos como campesinos y campesinas.

La juventud en el campo: Urge abrir cada vez más espacios en nuestro movimiento para la incorporación de la fuerza y creatividad de la juventud campesina, con su lucha por construir su futuro en el campo.

Finalmente, nosotros y nosotras producimos y defendemos los alimentos de todos y todas.

Todos y todas los participantes en la V Conferencia de la Vía Campesina nos comprometemos a la defensa de la agricultura campesina, a la soberanía alimentaría, a la dignidad y a la vida.

Nosotros y nosotras ofrecemos soluciones reales a la crisis global que enfrenta el mundo de hoy.

Tenemos el derecho de seguir siendo campesinos y campesinas, y tenemos la responsabilidad de alimentar a nuestros pueblos.

Aquí estamos los campesinos y campesinas del mundo, y nos negamos desaparecer

http://www.viacampesina.org/main_sp/

lunes, 7 de julio de 2008

El campesinado produce alimentos, los agrocombustibles generan hambre y pobreza

e
Posicionamiento de Vía Campesina

La actual ola masiva de inversión en la producción de energía basada en el cultivo y procesamiento industrial de materias vegetales como el maíz, la soja, la palma aceitera, la caña de azúcar, etc., no resolverá ni la crisis climática ni la energética. Asimismo, traerá desastrosas consecuencias sociales y medioambientales. Crea una nueva y muy seria amenaza sobre la producción de alimentos por los pequeños campesinos y el logro de la soberanía alimentaria de la población mundial.

Durante los últimos veinte años, las políticas neoliberales adoptadas globalmente han fallado al responder a las necesidades básicas de las personas. Las promesas de la FAO en la Cumbre Mundial sobre Alimentación de 1996 y en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU de sacar a las personas de la pobreza no se han cumplido. Muchas más personas están sufriendo hambre.

Se afirma que los agrocombustibles ayudarán a a combatir el cambio climático. En realidad sucede lo contrario. Las nuevas plantaciones de monocultivos necesarias para producir agrocombustibles están incrementando las emisiones de gases de efecto invernadero, por la masiva deforestación, por la fragmentación de las tierras comunales y por el drenaje de las zonas húmedas que implican. Si tenemos en cuenta el propio ciclo de producción, transformación y distribución de agrocombustibles, no se producen menos gases de efecto invernadero que con los combustibles fósiles, excepto en algunos casos. Además, los agrocombustibles nunca podrán reemplazar a los combustibles fósiles. De acuerdo a las últimas estimaciones, únicamente cubrirán el futuro incremento del consumo desde ahora hasta 2020. Simplemente no hay suficiente tierra en el mundo para generar todo el combustible necesario para una sociedad industrial cuyas necesidades para transportar personas y mercancías están continuamente incrementándose. La promesa de los agrocombustibles crea la ilusión de que podemos continuar consumiendo energía e incluso creciendo a un ritmo cada vez mayor. La única respuesta a la amenaza del cambio climático es reducir el uso de la energía en todo el mundo y redirigir el mercado internacional hacia los mercados locales.

Mientras tanto, los impactos sociales y ecológicos de los agrocombustibles serán devastadores. El monocultivo y la agricultura industrial, ya sea para agrocombustibles o para cualquier otra producción, están destruyendo la tierra, los bosques, el agua y la biodiversidad. Expulsan de su tierra a las familias campesinas, hombres y mujeres. Se estima que cinco millones de campesinos han sido expulsados de su tierra para crear espacio para monocultivos en Indonesia; cinco millones en Brasil, cuatro en Colombia… La agricultura industrial genera mucho menos empleo que la agricultura campesina sostenible; es una agricultura sin agricultores.

La actual expansión de la producción de agrocombustibles contribuye a la concentración masiva de capital por los terratenientes, grandes empresas y transnacionales, provocando una verdadera contrarreforma agraria en todo el mundo. Además contribuye a incrementar la especulación en los productos alimenticios y en el precio de la tierra. En lugar de dedicar la tierra y el agua a la producción de alimentos, estos recursos están dedicándose a producir energía en forma de gasóleo o etanol. Hoy, los pequeños campesinos, los indígenas, hombres y mujeres, producen la inmensa mayoría de la comida consumida en todo el mundo. Si no lo prevenimos ahora, los agrocombustibles ocuparán nuestras tierras y la comida será aún más escasa y cara.


¿Quién comería agrocombustibles?

Una nueva alianza de algunos gobiernos con las grandes empresas químicas, de la automoción, del petróleo y de la agroindustria está promoviendo los agrocombustibles con el único objetivo de ganar dinero. Estas grandes empresas transnacionales manipulan la preocupación social por el cambio climático y la crisis energética y se lanzan a la producción de agrocombustibles de manera que mantengan y fortalezcan su modelo productivo agro-industrial. Lo hacen a sabiendas que dicho modelo es, en sí, una de las principales causas del cambio climático y en particular por su consumo intenso de energía.

Las transnacionales fortalecen y amplían su control tecnológico y de mercados sobre el sector agrario, desplazando nuestra producción campesina de alimentos basada en el empleo de semillas campesinas, la convivencia con la biodiversidad y la energía proporcionada por la fuerza humana o animal, elementos todos ellos que usan mucha menos energía por unidad de alimento producido y, sobretodo menos combustibles fósiles.

Las compañías del agro negocio saben que los agrocombustibles producidos a gran escala no son económicamente viables. La carrera hacia los agrocombustibles es posible solo por los tremendos subsidios directos e indirectos de los gobiernos que la promocionan y el capital especulativo que ya está causando enormes alzas en los precios de los alimentos.

Las cifras provocan pavor ya que están hablando de millones de hectáreas y miles de millones de dólares: el gobierno de la India está contemplando la plantación de 14 millones de hectáreas con jatrofa; el Banco Interamericano de Desarrollo dice que Brasil tiene 120 millones de hectáreas dispuestas al cultivo de agrocombustibles; y un lobby empresarial plantea que hay 397 millones de hectáreas disponibles en 15 países africanos. Estamos hablando de expropiaciones a una escala sin precedentes.

Mientras las corporaciones transnacionales aumentan sus beneficios económicos, la mayor parte de la población mundial no tiene suficiente dinero para comprar comida. Se estima que los agrocombustibles son los responsables del 30% de la actual crisis de precios de los alimentos.

Cuando las grandes compañías transnacionales no son capaces de encontrar tierras agrícolas para la producción de agrocombustibles, imponen la deforestación de las zonas boscosas que aún existen en el mundo y que son necesarias para el mantenimiento de la vida en la tierra.

Miles de familias campesinas no tienen más alternativa que sumarse al cultivo de los agrocombustibles ya que necesitan estos ingresos para subsistir hasta la siguiente campaña. Las políticas agrícolas nacionales e internacionales impuestas por las instituciones financieras internacionales y por las grandes empresas transnacionales han exacerbado la dependencia de los países en desarrollo, llevándolos a la crisis alimentaria, a la extrema pobreza y al hambre en todo el mundo. Por tanto, estos pequeños campesinos no son culpables de tomar la decisión equivocada, sino que son las víctimas del actual sistema que se les impone.

Los pequeños campesinos y los trabajadores agrarios, trabajando en condiciones extremadamente duras con efectos dañinos en su salud, con muy pobres ingresos, no tienen voz sobre la manera en que su producción es utilizada. Muchas de estas personas están trabajando bajo contratos agrícolas con las grandes compañías del agronegocio, que son las que procesan, refinan y venden el producto. Por tanto, son estas grandes empresas quienes deciden canalizar estas producciones hacia los combustibles y no al mercado de alimentos. La subida de los precios de los alimentos pagada por los consumidores no se refleja en los ingresos de los pequeños campesinos.


Ante la crisis energética, producción y consumo responsables

La producción campesina sostenible es imprescindible para alimentar el mundo. La agricultura campesina sostenible y la soberanía alimentaria consumen hasta 80 veces menos energía que la agricultura industrial.

La soberanía alimentaria implica primar el empleo de los recursos locales para la producción de alimentos, minimizando tanto la cuantía de materias primas importadas para la producción así como su transporte. Igualmente, la comida así producida se consume localmente, por lo que el producto final no tiene que viajar lejos. No es lógico comer en Europa espárragos provenientes del Altiplano, o judías verdes frescas procedentes de Kenia.

A través de la historia de la agricultura, los campesinos y campesinas y la gente que habita los centros rurales han obtenido la energía de sus tierras agrícolas para responder a sus necesidades cotidianas. Las familias campesinas están usando aceite de coco o de girasol, biogás, leña, viento o agua para generar electricidad para su uso local. Estos métodos son sostenibles e integrados dentro del ciclo de producción de alimentos en sus tierras.

Es imperativo diseñar y adoptar actitudes responsables en el consumo de alimentos y ajustar nuestro modo de alimentarnos, conociendo que el modelo industrial de producción y consumo es destructivo, mientras que el modelo basado en la producción campesina utiliza prácticas energéticas responsables.

Por esto, La Vía Campesina continúa su lucha contra el poder de las grandes empresas transnacionales y los sistemas políticos que les apoyan. La crisis energética no debería verse como un problema aislado sino como parte de toda la crisis del actual modelo de desarrollo, donde los beneficios tienen prioridad sobre las personas.

En su lugar, nosotros apoyamos una agricultura de pequeña escala, diversificada, centrada en las personas con mercados locales y modos de vida saludables, usando menos energía y menos dependencia de recursos externos. Las familias campesinas sostenibles cumplen la misión fundamental de la agricultura: alimentar a las personas.


Vía Campesina denuncia:

  • La irresponsable presentación de los agrocombustibles como una respuesta a las crisis climática y energética.
  • La inmoralidad de producir agrocombustibles en un mundo asolado por el hambre.
  • La pasividad de la mayoría de las instituciones enfrentadas con el serio riesgo planteado por la llegada de los agrocombustibles, lo que implica que las poblaciones urbanas y rurales no puedan ni producir ni consumir alimentos.
  • El que estas mismas instituciones están en realidad colocando los intereses económicos de las grandes empresas transnacionales por encima de la alimentación y las necesidades nutricionales de las mismas personas que tienen confiado representar y defender.
  • El insulto de continuar promoviendo los agrocombustibles a pesar del balance energético negativo en su producción, procesamiento y transporte.
  • El modelo neoliberal, las instituciones financieras internacionales y el capital trasnacional, responsables directos de las crisis alimentaria y climática.


Vía Campesina exige:

  • El final de las empresas impulsadas por el monocultivo basado en la producción de agrocombustibles. Como primer paso, ha de ser declarada inmediatamente una moratoria internacional de cinco años en la producción, comercio y consumo de agrocombustibles industriales.
  • Debe efectuarse una evaluación en profundidad del coste social y medioambiental del boom de los agrocombustibles y de los beneficios conseguidos por las grandes empresas transnacionales en el procesamiento y comercio de las materias primas.
  • La promoción y el desarrollo de la agricultura campesina y los modelos de consumo locales y el rechazo del consumismo.
  • El apoyo explícito de los gobiernos y de las instituciones al modelo de producción y distribución de alimentos basado en la agricultura campesina sostenible, con su mínimo uso de energía, su capacidad para crear empleos, de respetar la diversidad cultural y biológica y su efecto positivo contra el calentamiento global (los suelos fértiles son el mejor camino para capturar CO2).
  • La reorientación de las políticas agrícolas hacia las comunidades rurales sostenibles y los modos de vida basados en la soberanía alimentaria y la auténtica reforma agraria.
  • La promoción y el desarrollo de modelos de consumo responsable.

¡Apaguemos el fuego de los agrocombustibles y encendamos la llama de la soberanía alimentaría!


El hambre de los agronegocios


Silvia Ribeiro ALAI AMLATINA, 12/05/2008, México DF.-

Por todo el mundo siguen aumentando los precios de los alimentos y en los países más vulnerables resultan en situaciones intolerables como hambrunas, a menudo combinadas con sequías o inundaciones, efectos perversos del cambio climático. Ante la gravedad de la crisis, caen máscaras y se vacían discursos, como la receta de los agrocombustibles y los supuestos beneficios del libre comercio y la agricultura de exportación.

Robert Zoellick, ahora como presidente del Banco Mundial, anuncia que los precios seguirán altos por varios años, y que es necesario fortalecer la “ayuda alimentaria” para gestionar la crisis. Zoellick, que pasó a este cargo luego de ser jefe de negociaciones de Estados Unidos en la Organización Mundial de Comercio, sabe de lo que habla: desde su puesto anterior hizo todo lo que pudo para romper la soberanía alimentaria de los países, en función de favorecer los intereses de las grandes trasnacionales de los agronegocios. Incluso ahora, la receta de la “ayuda alimentaria”, es otra vez un apoyo encubierto a las mismas transnacionales, que tradicionalmente son quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que “caritativamente” les entregan a los hambrientos, con la condición de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan.

Los grandes ganadores de la crisis alimentaria son también actores centrales y grandes ganadores en la promoción de los agrocombustibles: las trasnacionales que acaparan el comercio nacional e internacional de cereales, las empresas semilleras, los fabricantes de agrotóxicos.

En estos dos últimos rubros son en muchos casos las mismas empresas: a nivel global, Monsanto es la principal empresa de semillas comerciales y la quinta en agrotóxicos. Bayer es la primera en agrotóxicos y la séptima en semillas, Syngenta la segunda en agrotóxicos y la tercera en semillas, Dupont la segunda en semillas y la sexta en agrotóxicos. Junto a BASF y Dow (tercera y cuarta en agrotóxicos), estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo, que casualmente es también la solución que proponen a todos los nuevos problemas (que ellas mismas han sido parte fundamental en provocar).

Junto a los que dominan más del 80 por ciento del comercio mundial de cereales: Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus; todas han tenido ganancias absolutamente impúdicas, gracias a la escasez de alimentos, la promoción y subsidios a los agrocombustibles y el alza de los precios del petróleo (los agrotóxicos son petroquímicos). Un excelente informe de Grain (El negocio de matar de hambre, http://alainet.org/active/23996), da cuenta de estas ganancias: para el 2007, Cargill aumentó sus ganancias 36 por ciento; ADM, 67 por ciento; ConAgra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento; Dreyfus, 77 por ciento, en el último trimestre de 2007. Monsanto obtuvo 44 por ciento más que en 2006 y Dupont-Pioneer 19 por ciento.

A esta situación se suma el hecho de que los grandes fondos de inversión especulativa –frente a la crisis financiera e inmobiliaria– trasladaron millonarias sumas de dinero a controlar los productos agrícolas en el mercado internacional o commodities. Actualmente, se estima que estos fondos controlan 60 por ciento del trigo y altos porcentajes de otros granos básicos. La mayor parte de la cosecha de soya de los próximos años, ya está comprada como “futuro”. Estos alimentos se han convertido en un objeto más de especulación bursátil, cuyo precio se modifica (y aumenta) en función de los jaloneos especulativos, no de los mercados locales o las necesidades de la gente.

Pese a esta paliza global a toda la gente común, peor para los más desposeídos, las trasnacionales no se dan por satisfechas y van por más. Ahora preparan el próximo asalto, monopolizando a través de patentes, los caracteres genéticos que consideran útiles para hacer plantas resistentes a la sequía, salinidad y otros factores de estrés climático.

Los gobiernos a su servicio, como México, pretenden apagar el fuego con gasolina: en lugar de soberanía alimentaria y control campesino de las semillas e insumos, proponen transgénicos con aún más modificaciones y más riesgos, maíz transgénico para aumentar la contaminación y la dependencia, y que hasta los campesinos más pobres, con apoyos públicos, siembren agrocombustibles en lugar de comida.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC.

Declaración de la Cumbre Presidencial sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria: Alimentos para la Vida


Unir esfuerzos entre pueblos de América Latina
Declaración de Cumbre Alimentaria
e
e
Managua, Nicaragua, 7 de mayo de 2008
e
Texto íntegro de la declaración emitida en la Cumbre Presidencial Alimentos para la Vida
e
DECLARACIÓN
e
Los jefes de Estado y de gobierno de las repúblicas de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Honduras, Venezuela, Saint Vincent y las Grenadinas, Haití, Panamá, Guatemala, México, Belice y República Dominicana, nos reunimos de emergencia el siete de mayo del 2008 en la ciudad de Managua, en la “Cumbre Presidencial sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria: Alimentos para la Vida,” con el fin de abordar los graves problemas de nuestros pueblos, agudizados por el incremento acelerado en el costo de los alimentos, que ya ha provocado explosiones de violencia social en diferentes países.

Nos convocamos con la decisión de unir esfuerzos para enfrentar el impacto de esta crisis alimentaria mundial, en América Latina y El Caribe.

Considerando: La Declaración de Ministros de Agricultura y Altos Funcionarios de once países latinoamericanos reunidos el pasado 26 de abril de 2008 en Managua, en la cual se abordó la crisis alimentaria:
  • Que los países desarrollados (Unión Europea, Estados Unidos y Japón) mantienen una política de subsidios a la Producción Agrícola que supera los 327 mil millones de dólares anuales, que representan un promedio del 34% de los ingresos agrícolas de esos países; se reporta que el 21% de los ingresos de los agricultores en EUA; el 35% de los agricultores europeos, y el 59% de los agricultores japoneses, distorsionando gravemente el comercio internacional de productos agropecuarios, convirtiéndose en barreras al comercio justo.
  • Que la combinación de dichos subsidios con el desproporcionado aumento de los costos de producción, y de precios de los alimentos, agravan esas distorsiones y hacen recaer el mayor peso de la crisis, sobre los países empobrecidos.
  • Que la existencia de diversas iniciativas de Políticas y Programas Agroalimentarios en el ámbito Regional, crea condiciones para la complementariedad en la construcción de una Estrategia Común. Entre ellas: la Política Agrícola Centroamericana 2008-2017 (PACA); el Acuerdo para la Implementación de Programas de Cooperación para la Soberanía y Seguridad Alimentaria en el Marco de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Todas estas iniciativas son una oportunidad para potenciar la producción de alimentos en la región.
  • Que los alimentos, al igual que los Programas de Salud y Educación y de empleos sostenibles son necesidades vitales, y derechos fundamentales, indispensables para la sobrevivencia y desarrollo de los seres humanos, y que por lo tanto, en la justa lucha para ejercer la Soberanía y la Seguridad Alimentaria, debe eliminarse cualquier tipo de imposición, y/o especulación, y debe protegerse, tanto a las y los productores de alimentos, como a las y los consumidores.
  • Que la carestía y escasez de los alimentos, incide todavía más en el incumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), entre ellos, la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, ya que crea mayores índices de desnutrición y aumenta las insuficiencias en Salud y en derechos a la vida plena de millones de seres humanos.
  • Que la actual crisis de los precios y las disponibilidades de alimentos resultan en gran medida del ordenamiento económico internacional vigente y de políticas económicas adversas a la sostenibilidad agroalimentaria de los países en desarrollo.
  • Que los Estados tienen la obligación de respetar, proteger y garantizar el derecho universal a la alimentación, por medio de acciones y medidas concretas que protejan, en particular, a los grupos sociales vulnerables, y propicien los medios necesarios para que ellos puedan alimentarse.
  • Que los efectos del cambio climático recaen injustamente, en los países más empobrecidos, y por ello más vulnerables, de América Latina y El Caribe. Nuestros países sólo producen alrededor del 5% de las emisiones globales, y sufrimos directamente las gravísimas consecuencias del cambio climático, con sus intensas secuelas, como sequías, huracanes e inundaciones, cada vez más frecuentes, prolongadas y catastróficas.
  • Que en los países desarrollados, hay Propuestas y Programas que utilizan alimentos para la producción de combustibles, agravando con ello, la de por sí crítica situación alimentaria, de muchos países y pueblos.

Acuerdan:

  1. Rechazar las prácticas de subsidios agrícolas y ayudas internas (Panamá) ejercidas por los países industrializados del mundo, que impactan la agricultura de los países empobrecidos y distorsionan el comercio; y priorizar el uso de productos agropecuarios para la obtención de alimentos frente a la producción de combustible.
  2. Subsidiar la producción agrícola nacional, a través de los pequeños productores que no tienen acceso al crédito mediante la banca privada o estatal. Apoyar a los demás productores con crédito a bajos intereses con la banca estatal.
  3. Promover que la banca privada o el sector privado destine por lo menos el 10% de su cartera total al financiamiento de la producción agrícola en cada país.
  4. Aunar esfuerzos para incrementar la producción y productividad sostenible de alimentos, con respeto a nuestras tradiciones productivas, y de consumo, cuidando nuestros recursos, plantas y semillas; reconociendo el deber de restaurar y preservar la Naturaleza y el Medio Ambiente; utilizando recursos locales, creando mejores condiciones financieras, tecnológicas, de mercado, de abastecimiento de insumos, de organización y de asociación, amplia e incluyente, de acuerdo a las formas culturales propias, de los países de América Latina y El Caribe.
  5. Manifestar la preocupación por la dependencia y desigualdad que provoca la imposición de tecnologías foráneas, cuando estas tienen un control monopólico.
  6. Incrementar la producción y productividad sostenible explicitando el decidido impulso y promoción de la agricultura e industria ecológica – orgánica y su acceso a los sectores populares.
  7. Coordinar las respectivas potencialidades para lograr la seguridad alimentaria garantizando un abastecimiento de alimentos sanos y nutricionalmente adecuados, tanto en el ámbito nacional como regional, así como en el acceso físico, social y económico a alimentos suficientes para todos, reafirmando al mismo tiempo que los alimentos no deben emplearse como instrumentos de presión política.
  8. Instruir a los Ministros de Agricultura, Economía y Comercio, para elaborar un Programa de Soberanía Solidaria y Seguridad Alimentaria, que contenga un Plan de Acción Inmediato, a presentarse en 30 días, identificando la potencialidad productiva y los recursos indispensables para lograr un aumento sustancial de la producción, tomando en cuenta los aportes de los organismos internacionales.
  9. Preparar ese Plan de Acción conforme a los principios de Solidaridad y Cooperación, entre los países participantes; Complementariedad y Reconocimiento de Asimetrías; Comercialización justa entre y, a lo interno de los países, (precio justo a los productores y consumidores).
  10. Crear un Fondo que destine los recursos necesarios para desarrollar la Producción de Alimentos, haciendo llegar a las y los productores: financiamiento, tecnología, implementos, maquinarias agrícolas, e insumos, a precios justos, e igualmente, garantizando precios justos en la comercialización de esos productos alimentarios, tanto para productores como para consumidores.
  11. Exhortar a la comunidad internacional a aumentar sustancialmente los niveles y facilidades de cooperación, así como, disminuir los tiempos de desembolsos, para mitigar la crisis.
  12. También debe solicitarle a los organismos internacionales crédito a corto plazo para incrementar rápidamente la producción agrícola.
  13. Continuar apoyando el Plan de Acción adoptado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático realizada en Bali en diciembre del 2007, para lograr antes del 2009 un nuevo acuerdo sobre el Calentamiento Global, en el cual se alcance un verdadero compromiso, especialmente de los países desarrollados, en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y de implementar el uso de tecnologías respetuosas con la Naturaleza y el Medio Ambiente, definiendo propuestas de financiamiento de las medidas, tanto para prevenir las crisis, como para mitigarlas.
  14. Promover la organización productiva y la asociatividad de las y los pequeños, medianos y grandes productores agrícolas, incluyendo a las mujeres en igualdad de derechos, a fin de que nos incorporemos todos a éste esfuerzo común, para asegurar la Soberanía y la Seguridad Alimentaria
  15. Destinar recursos gubernamentales para estimular la producción de alimentos, especialmente de granos básicos.
  16. Reconocer la importancia de la Declaración del XXX Conferencia Regional de la FAO celebrada en Brasilia en Abril del 2008.
  17. Reconocer la importancia de la Convocatoria de la FAO para la conferencia mundial de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria, Cambio Climático y Bio-energía, que se realizará en Roma del 3 al 5 de junio de este año.
  18. Reconocer los acuerdos alcanzados en la Reunión Extraordinaria del Consejo de Ministros de Salud de Centroamérica (COMISCA) celebrada en Panamá el día 24 de abril de 2008 y en la III Reunión
  19. Reconocer las propuestas hechas por el Gobierno Bolivariano de Venezuela, las cuales se anexan a la presente declaración para su estudio por las partes.
  20. Reconocer la iniciativa del Gobierno de Nicaragua a través de la propuesta del “Programa para la Soberanía Solidaria y la Seguridad Alimentaria de los Países de Mesoamérica y del Caribe”, presentada como miembro del ALBA y del SICA, en la pasada reunión de Ministras/os de Agricultura y Altas Autoridades, celebrada en esta misma ciudad, el pasado 26 de abril del 2008, la cual está abierta a la incorporación de otros países de la región.
  21. Acompañamos el ofrecimiento del Gobierno de México para realizar una reunión técnica de alto nivel a finales del mes de mayo con el objeto de abordar la transferencia de tecnologías en el sector agropecuario. Los términos de referencia de dicha reunión fueron entregados en la presente cumbre.
  22. Incorporar el tema de la Soberanía y Seguridad Alimentaria en la Agenda de la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno ALC-UE, a celebrarse en la Ciudad de Lima Perú el 16 de mayo del 2008.
  23. Incorporar el tema de la Soberanía y Seguridad Alimentaria en la Agenda de la 63 Asamblea General de la ONU.
  24. Apoyar un proceso de reforma agraria, que provea de tierras a aquellos productores agrícolas, que en este momento no tienen este recurso para producir alimentos.
  25. Establecer una instancia de consulta y mecanismos operativos que permitan dar seguimiento a los presentes acuerdos.
  26. Declarar una emergencia a nivel de todos los países de Latinoamérica y El Caribe para agilizar el proceso que conlleve a potenciar la producción y productividad de los alimentos de consumo en el área.

Dado en la Ciudad de Managua, Nicaragua, a los siete días del mes de mayo del año dos mil ocho.


ANEXO DE VENEZUELA: El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela realiza las siguientes propuestas:

1. Crear un Banco de Insumos Agrícolas para disminuir los costos a pequeños y medianos productores;

2. Destinar 100 Millones de dólares a través del Banco del ALBA para la cartera agrícola, con el fin de financiar los proyectos que presenten los países;

3. Crear un Plan especial dentro de PETROCARIBE para financiar la producción agrícola, a través de cuotas especiales de combustible que impacten sobre la producción;

4. Fortalecer el poder de los Estados a través de un impuesto especial para la creación de un Fondo Especial Agrícola;

5. Proponer la lucha contra el narcotráfico, especialmente en lo relativo a la expropiación de tierras del narcotráfico para la producción;

6. Crear un Centro de Estudios aplicados para el fortalecimiento de la producción agrícola;

7. Invitar a la celebración de una Cumbre de países productores de Petróleo, en la búsqueda de una formula Petro-alimentaria, para la creación de un fondo especial agrícola (Venezuela) Mundial, y en particular, la de los países de América Latina y el Caribe, y sus consecuencias en la vida de nuestros pueblos, familias y comunidades. de nuestros pueblos, intensificando la productividad, ubicando al sector productivo agroalimentario, como parte de un desarrollo agroindustrial, que tome en cuenta la obligación de recuperar y proteger nuestra Tierra y nuestro Ambiente.